1 - Mi nombre es Cecilia
Esas sensaciones y sentimientos que la gente experimenta ¿Me pregunto si algún día los podré sentir tan bien como el resto? Hay veces que pienso en mí como un viejo cascarón olvidado y empolvado. Y parece que a veces estoy muerto en vida y otras veces siento como si muriera a cada día que pasa. Si, se lo que es la soledad, he aprendido a vivir con ella, ya no me incomoda, y me creo que soy libre, pero por alguna razón no puedo levantar el vuelo.
Mi nombre es Erick Lira, vivo en una departamento medio, que pago con mi sueldo, no lo he sacado a crédito como el resto de la gente. Mi trabajo me permite darme el lujo de pagarlo yo solo, no soy rico, ni un playboy, solo soy una persona que acabo trabajando en un trabajo miserable y desafortunado que solo tiene la ventaja de darme altos ingresos. A cambio de ese trabajo, he entregado mi vida por completo. Y es que en verdad… yo no tengo vida.
Erick caminaba meditabundo por aquel parque, el sol brillaba en todo su esplendor y la gente iba y venia por todos lados, el bullicio matutino era algo normal a esas horas, pero hasta eso desesperaba a Erick. Sus ojos hundidos por tantas noches de desvelo reflejaban un cansancio inusual que se notaba en lo rojizo de sus pupilas semi dilatadas y en su oscura pero alborotada cabellera. Con desgano, levanto la cabeza al cielo y suspiro como un adolescente al que se le ha encargado una tarea indeseable, luego fijó sus ojos en sus pisadas y continuo su camino.
Por doquiera que él miraba solo veía felicidad reflejada en el rostro de la gente, los niños corrían, saltaban y gritaban, algunos ancianos dialogaban alegres sentados en las bancas que eran enmarcadas por la sombra de los árboles cercanos, algunos deportistas corrían, hacían sus rutinas y otros más estaban sentados reposando o calentando. Al ver toda esa escena, Erick no pudo evitar hacer un gesto de disgusto.
- Esto es repugnante - Dijo para si mismo
Todo continuaba su marcha normal, y aquella quietud realmente lo molestaba, él lo sabía. Había algo en el aire que lo molestaba y elevaba su mal humor a cantidades industriales. Y es que Erick es un ser nocturno, un alma acostumbrada a la oscuridad de la noche, y por lo mismo odiaba ejercer su trabajo a plena luz del día, pero desde hacía varias semanas había sido forzado a salir de las profundidades de la noche. Mientras él seguía maldiciendo su suerte y de paso a todos los antepasados de sus superiores, la calma aparente se mantenía y eso solo cambiaba las muecas que el rostro de él esbozaba. Cuando se dio cuenta, tenía a un enorme y bonachón danés lamiéndole los dedos de su mano derecha. Él bajo su mirada hacia el animal y con un gesto de desagrado la agitó.
- ¡Eres una molestia! - Le grito al animal que se limito a mirarlo con sus enormes e inocentes ojos
- ¡Si, la cosa es contigo! -le grito aún más enfadado
Pero el noble animal, solo lo miro, gimió un poco y siguió lamiendo sus dedos.
- ¡Que asco! - Grito Erick quitando su mano y levantándola contra el animal
El perro clavó su mirada en él, Erick se quedó tenso mirando al animal fijamente, como si fuera un duelo entre mamíferos feroces, ninguno de los dos se movía, Erick gruñía ligeramente y el perro gemía tratando de apaciguar la ira de su oponente. Pasados unos tensos segundos, Erick bajo la guardia y jalo las orejas del animal suavemente a la vez que su ceño reflejaba la tristeza que había siempre en él.
- ¿Así que me comprarás con lástima? - Interrogo al animal que solo gimió una vez más y restregó su enorme rostro en la mano de su apaciguado rival.
- De acuerdo - Dijo Erick más tranquilo - Entendí el mensaje, te dejaré en paz si tú dejas de ver mi mano como un suculento y delicioso hueso, ¿de acuerdo?
Como si realmente lo hubiera entendido, el animal ladró fuerte, y movió su cola de alegría, Erick hizo un gesto de desagrado, pero no dejo de acariciar la oreja del cuadrúpedo.
- ¿Esto te gusta? - le pregunto al animal
- Es raro ver que Bruce se deje acariciar asi por un extraño - Le dijo la dueña del perro que venía acercándose
Erick levanto la mirada y se encontró con una hermosa y risueña rubia que veía fascinada la escena, sus hermosos ojos oscuros reflejaban la sorpresa de ver semejante cuadro, pero eso a él no le intereso, frunció el ceño y suspiro.
- Supongo que es tuyo - Le dijo a la chica con la mayor de las indiferencias posibles
- Si - Respondió ella - siempre vengo aquí a pasear con él, le encanta salir al aire libre, y más venir a este parque, aquí lo puedo soltar y dejar que juegue y se divierta
- Aja…
- Si en serio, me acabo de mudar hace poco y descubrí este hermoso y bello parque y me dije que seria una buena idea venir aquí cada vez que pudiera. Es lindo este lugar, ¿no lo crees?
Pero Erick no presto mucha atención en la conversación de la chica, estaba ocupado mirando al vendedor de helados que había llegado hacía apenas unos segundos. La chica continuaba hablando y Erick simulaba escucharla, pero seguía fijamente los movimientos de ese hombre. Dos adolescentes se acercaron a él, y le ofrecieron un billete grande, el hombre les vendió dos helados, y luego se retiraron. Casi al mismo tiempo, un niño se acerco al hombre, y Erick vio claramente como el hombre negaba con la cabeza a la vez que el niño se retiraba cabizbajo
- Yo me llamo Cecilia, pero mis amigas me llaman Ceci, tú también puedes llamarme así, si es que quieres - Le dijo la chica con una mirada coqueta
- Si, lo que sea -dijo Erick regresando su mirada al vendedor
Un joven mucho mayor a los anteriores se acerco al vendedor, y este le vendió un cono de helado, pero pudo apreciar que junto al cono un pequeño sobre se asomaba, entonces Erick dejo de mirar al vendedor y miro a la chica
- Como sea, ¿Podrías prestarme a Bruce, Alicia? - Le pregunto apurado
- Si, pero mi nombre es Cecilia - Le dijo ella
- Da igual - respondió bruscamente quitándole la correa del animal
Con paso firme, Erick camino hacía el vendedor llevando a Bruce por delante
- No para de hablar, ¿como es que la soportas? - Le pregunto al animal quien gemiá de nuevo como entendiendo su pregunta
- Si… a mi tampoco me agrada, pero… es sexy - Le respondió Erick al cuadrúpedo mientras se acercaba al puesto de helados
- Disculpe - Se dirigió al vendedor - ¿Podría venderme uno?
- Lo siento - Le respondió sonriente - Ya me he acabado todo
Con una mirada inquisidora, Erick miro de arriba a abajo al vendedor que seguía sonriendo, luego clavó su mirada en los conos, para tomar uno y comenzar a morderlo.
- ¿Qué cree que está haciendo? - pregunto indignado el vendedor
- Son demasiados, ¿no cree? - Lo inquirió Erick
- ¿Qué dice? - pregunto confundido el vendedor
- Los conos - Respondió Erick - Son muchos.
Ya no dijo más palabras, continuo mordiendo el cono hasta dejar un pequeño pedazo que lanzó a Bruce, quien lo engulló sin demora para luego gruñir ligeramente.
- ¿Así que a ti también te parece? - Le pregunto Erick
- No entiendo nada señor - Dijo el vendedor - ¡por favor vayase!
El rostro de Erick empezó a descomponerse, hasta que su expresión se volvió completamente dura, luego pateo el carrito de helados, que sonó completamente hueco, aquel hombre abrió de sorpresa los ojos y un sudor frío recorrió su espalda cuando Erick levantó la tapa que supuestamente cubría el helado, ahí, no había absolutamente nada, el hombre comenzó a reír nervioso, más aún cuando Bruce se le acerco gruñendo y tratando oler al interior de la bagpack.
- ¡Bingo! - Exclamo Erick
Al verse descubierto, aquel sujeto se llevo las manos a la cintura tratando de sacar algo de ahí, pero era demasiado tarde, la gélida punta de una desert eagle rozaba su frente a la vez que Erick le mostraba la placa que lo identificaba como agente federal. Rendido, aquel hombre solo suspiro y agacho la cabeza, Erick saco su PDA / Móvil y marcó con rapidez un número.
- Si, soy yo jefe, si ya lo tengo, fue fácil, nada comparado con los mal vivientes con los que lidiaba en el turno de la noche, no, por supuesto que no entiendo lo que hace señor, ¡nadie conoce a los criminales nocturnos como yo! ¿Por qué me manda a perder el tiempo con estos traficantes al menudeo? …. ¡No, no! esas son excusas baratas, ¿acaso tiene algo contra mí? ¿He sido mal elemento? ¿Y… qué rayos es eso de asignarme un compañero? yo trabajo solo
Tan distraído estaba, que el traficante pensó que sería su oportunidad y se echo a correr, Bruce que ya se había echado en el suelo, se levanto y se dispuso a ir tras aquel fugitivo, pero Erick lo detuvo.
- No te gastes amigo - Le dijo
Apuntando hacía el que huía, Erick disparo sin consideración alguna hacía su pierna, el disparo fue certero y aquel hombre cayo con toda su humanidad gritando de dolor y con la pierna totalmente destrozada, Bruce tranquilamente obedeció mientras la gente gritaba y corría por todos lados presa del pánico que el disparo de Erick había causado. Al ver la escena, Erick sonrió y nuevamente se dirigió al can.
- Somos un buen equipo amigo - Le dijo sonriendo y acariciándole detrás de la oreja - Eres la única razón por la que seguiré escuchando las idioteces de tu dueña.
- ¡Me duele! - Grito el delincuente
- ¡Callate! - Le grito Erick
- ¡No tenías que dispararme con eso!
- No tenías que escapar - le dijo Erick sereno - No seas llorón, y acepta tu suerte
El perro ladró contento, y le siguió el paso, dos policías que ya habían llegado corrieron hacía él, quien de inmediato les mostró su identificación y señalo al hombre que seguía tirado gritando de dolor, enseguida se olvidaron de Erick y corrieron a levantar al delincuente.
- ¡Cielos! ¿Esa pistola es de verdad? - Pregunto Cecilia - ¿Eres policía? porque yo salí una vez con uno y realmente me pareció una persona muy agradable y cordial, aunque cuando estaba ebrio era un poco diferente y…
- ¡Ya cállate! - le grito Erick - Eres insoportable, ruidosa, hablas demasiado y… te invito a comer - Finalizo con desgano
- ¿En serio? - Pregunto ella - Es que creí que ya te había aburrido y pues luego me pediste a Bruce y…
- Una cosa primero, vamos a comer y guarda silencio por lo menos unos dos minutos, ¿quieres Felicia?
- Es Cecilia, mi nombre es Cecilia - lo corrigió ella
- Como sea - Finalizo él
Erick comenzó a caminar dejando a Cecilia detrás suyo, quien lo siguió tratando de alcanzar su rápido caminar, el trote de él era acelerado y constante, como si no quisiera que ella lo siguiera. Después de varias cuadras, él se detuvo al verla venir apesadumbrada.
- ¡Puf eres rápido! - Exclamo ella
- ¡Bah! ¿No me digas que ya te cansaste? - Le dijo despectivamente
- ¡Que grosero! - Exclamo ella - ¡Así no se trata a una chica!
- ¡Ahhh! Dale con eso, ya te habías tardado - Dijo él con desgano
- ¿A qué te refieres? - Pregunto ella desconcertada
- Ustedes las mujeres. Siempre están diciendo cosas, sobre la independencia de la mujer, sus derechos y necesidades y otras cosas semejantes, pero a la menor oportunidad nos hacen notar que quieren ser tratadas de forma especial y con ventaja, ¡Que conveniente! ¿No es así?
- ¿Qué? ¡sigh! - Musito ella - No era esa mi intención
- Si lo era - Apunto él frío - ¿Por qué no eres sincera y lo admites?
Cecilia se quedo mirando por un momento a Erick, él desvió la mirada como sintiendo lo inevitable y cerro los ojos en señal de no abrir más su boca, ella apretó sus puños fuerte y trago saliva, luego bajo la mirada hacía Bruce, quien solo gruñó suavemente y le devolvió la mirada.
- ¿Aquí es donde vamos a comer? - Preguntó ella
- Si - Respondió de forma tajante - Entremos
Erick entró ya sin prisa a aquel lugar, ella lo miro entrar y acaricio la cabeza de Bruce, para luego seguirlo.
- Tonta - Le dijo él
- Idiota - le regreso ella cortésmente lo anterior
Así, ambos tomaron asiento en la mesa más cercana a aquella gran ventana pegada a la puerta de aquel restaurante, y comenzaron a dialogar, aunque en la mayoría de las ocasiones, era Cecilia quien conversaba y conversaba mientras Erick solo la miraba, como si quisiera grabar en su mente cada movimiento de ella.
