7 - Aquellos recuerdos que regresan
“No hay nada que no pueda hacer si me esfuerzo”

Era lo que Marcos repetía una y otra vez dentro del auto de Erick mientras se balanceaba de forma lateral y cerraba los ojos, por supuesto eso no era muy del agrado de Erick que molesto encendió el auto y arranco camino a su rutina diaria. Bruce contemplaba desde la parte trasera la escena, de alguna forma parecía que el animal sabía lo que seguía.
- No hay nada que no pueda hacer si me esfuerzo – Seguía repitiendo Marcos
- ¿No hay nada que pueda hacer para que te calles? – Le pregunto Erick con enfado
- No nada que no pueda hacer si me esfuerzo – Fue lo único que dijo Marcos
-¡Deja de hacer eso! – Le gritó
- No hay nada que… Lo siento, ¿qué dijo? – Preguntó Marcos
- Dije que cierres a boca, es muy temprano y estoy de mal humor
- ¡Ah! … ¿Y porqué?
- Por que esa entrometida de Nina siempre me pone de mal humor, no hay día que no haga o diga algo que me moleste. En verdad no la soporto, desde el primer día que llego a la estación, no deja de fastidiarme con sus comentarios venenosos e inoportunos.
- Entonces es una pelea de amantes – Apuntó Marcos
- ¡No somos nada! ¿Entiendes?
- ¿En serio? Pero si se ven tan bien juntos
- ¿Ahora harás de Cupido, niñito? – Preguntó Erick clavando su mirada en su interlocutor
- ¿Qué tiene?
- Ni lo intentes – Le dijo señalándolo con su índice derecho
- ¿Por qué no?
- Por que no, ¿entiendes?
- No, la verdad no lo entiendo. Nina se me hace muy hermosa, tiene un rostro tan fino, una mirada tan estremecedora y es tan sexy, no entiendo porque no se lleva bien con ella.
- Simplemente no la soporto, y ya deja el tema
- Bueno
- Ni se te ocurra alguna tontería, nada de intentar unirme con ella o algo parecido, ¿entiendes?
- Si, si
- Está prohibido hablar del tema, ¿quedo claro?
- Usted es el que sigue tocando el tema – Apuntó con perspicacia Marcos
- ¿Uh? Pues yo, ella… bueno, bueno, dejemos eso de lado
- De acuerdo, ¿A dónde vamos?
- ¿A dónde crees?
- ¿Al mismo lugar de ayer?
- Así es niñito
Marcos miró con admiración a Erick, pues eso era lo que estaba buscando desde que había llegado a sus oídos la noticia de que sería el nuevo compañero de aquel legendario aunque mezquino detective.
- ¿Entonces piensa intentar atrapar a su acérrimo enemigo?
- No descansaré hasta lograrlo. Anota eso, un buen detective no descansa hasta atrapar al maleante
- Ya, pero, ¿no durmió usted ayer muy tranquilo en la comodidad de su hogar? ¿Dónde está el “no descansar” ahí? Usted no práctica lo que predica
- ¿Acaso quieres que te eche a patadas del auto mientras andamos?
- No, no, como cree. Si yo sólo decía
- Pues no digas y vamos por un café primero
- Anota eso también, un buen detective no funciona sin cafeína en su organismo
- ¿En serio?
- Por supuesto niño, no he dejado de beber café ni un solo día desde que soy detective
- Entonces, ¿me está diciendo que su mal humor se debe a que tiene el organismo saturado de cafeína? Eso lo explicaría todo
- ¿Tú quieres que yo te eche del auto, verdad?
- No, no. Ya me calló
Erick clavó su mirada al frente, su mente estaba perturbada por el hecho de estar otra vez persiguiendo la sombra de Víctor, ¿Cuántas veces no lo había hecho ya? La realidad es que Erick ya había perdido la cuenta de todos sus intentos por capturarlo, y es que desde que Mayra se había marchado, él había dedicado su vida entera a buscarlo, pero está vez era diferente. Por extraño que pareciera, no sentía placer alguno en ir tras aquella sombra de su pasado, era la primera vez que se preguntaba la razón del porque lo hacía, y para colmo, no había respuestas.
- Esto es tan aburrido – Pensó – Ya ni siquiera se porque hago esto. ¿No hay nada más para mí? ¿Debería rehacer mi vida? Y si es así, ¿con quién? Cecilia es muy linda pero no estoy seguro que sea algo duradero, Nina ni pensarlo, ¿y porqué estoy pensando en eso en este momento?

Y mientras Erick luchaba en su interior contra sus propias dudas, en una lujosa suite de aquel suntuoso hotel llamado Hyatton, una mujer de estatura mediana, rubia y larga cabellera y una tez muy blanca, miraba con ternura a aquel niño pequeño que jugaba sin preocupaciones en la alfombra. El maquillaje remarcaba sus gruesos y sensuales labios, y sus delgadas y bien arregladas manos se movían con nerviosismo en su regazo.
- He vuelto a este lugar y nada ha cambiado. La ciudad sigue siendo tan callada por las mañanas y bulliciosa por las tardes, la mayoría de las calles están tal y como las recuerdo, no parece que me fui hace cinco años… Me preguntó, ¿cómo estará él? ¿Me odiará? Bueno, y que esperaba, lo abandone cuando todo parecía estar marchando bien. A veces me preguntó si hice bien en hacerlo.
Aquella mujer se levantó y se fue a la ventana, allí, clavó su mirada en el horizonte, como si estuviera evocando viejos tiempos, como si quisiera saltar por la ventana y desaparecer volando de aquel lugar. Los recuerdos la asfixiaban, pero, debido a que su actual marido era demasiado desconfiado, ella había sido arrastrada de nuevo al lugar de sus tormentos.
- Yo ni quería venir – Dijo en voz alta – No soporto la idea de estar en la misma ciudad que él
Fue sacada de sus pensamientos por la pequeña mano de su hijo, que tiraba de su falda una y otra vez con desesperación. Ella se dio cuenta entonces de que su hijo la necesitaba, y con cariño se agacho junto a él.
- ¿Qué deseas hijito? – Le preguntó con ternura
Sin decir palabras, el niño estiró los brazos hacia su madre y empezó a abrir y cerrar sus manos, ella comprendió lo que su hijo deseaba, así que lo tomo en sus brazos, se levanto y lo abrazó.
- Niño consentido – Le dijo sonriente
La puerta de la habitación se abrió en ese momento, de ella Víctor emanó, su paso era elegante a pesar de su cojera y su rostro estaba sereno y sin expresión alguna, ella lo vio llegar y con el niño aún en brazos se acercó a tomar la chaqueta que él traía. Víctor no vio con buenos ojos aquella escena, era un hombre áspero en su trato con la gente, aquel genio del crimen era en realidad un hombre hosco y retraído que evitaba el contacto personal lo más que se pudiera.
- Lo estás acostumbrando a ser dependiente – Dijo sin expresión
- Sólo lo estoy cargando un poco – Dijo ella
- Lo haces todo el tiempo, sólo lo estás volviendo inseguro e inútil – Apuntó Víctor cambiando el tono de su voz
- Eso no es cierto, ¿verdad mi niño?
El pequeño sólo sonrió, estaba feliz de estar en los brazos de su madre, Víctor hizo una mueca de fastidio y se quitó el sombrero para colocarlo en un perchero cercano, enseguida se dirigió a la mesa y se sentó en el lugar más prominente, desde donde podía mirarlo y controlarlo todo, tal era la necesidad de poder que desgarraba el alma de aquel hombre.
-Deja a ese chiquillo y dame de comer – Ordenó
La mujer dejó al niño en el piso y le acercó un juguete, enseguida se dirigió a la cocina. Podía oler el mal humor de Víctor y ella sabía que no era buena idea hacerlo enojar. Víctor se limitó a mirarla ir de un lado al otro, contemplaba su figura primero, y luego las facciones de su rostro, prestando especial atención a sus ojos. Después de mirarla un instante, encendió un puro y dio la primera bocanada.
- Luces apagada estos días, Mayra – Le dijo
- ¿De que hablas? – Le respondió ella sirviéndole un plato de sopa
- No se, te vez diferente. Luces decaída, como si tuvieras algo
- Yo no tengo nada Víctor – Respondió ella de forma casi automática
- ¿Segura? Llevamos casi una semana en este lugar, se que no haz comentado nada al respecto, pero puedo sentir como te afecta estar aquí.
- ¿Y si ya lo sabes para que me trajiste? – Preguntó ella mientras le servía un poco de vino en un vaso
- Eres mi mujer, ¿no? Tienes que seguirme a donde vaya
- Creo que exageras – Dijo ella un poco nerviosa – No era necesario que yo viniera, de verdad no tenía ganas.
-¿Y porqué no me dijiste nada? – Repuso con molestia Víctor
- ¿Hubiera servido de algo? – Protestó ella
Víctor ya no dijo nada, se limitó a comer y beber ignorando por completo a su mujer, en su mente no había espacio para problemas domésticos, incluso a veces parecía que no había espacio para nadie, excepto una persona.
- Muy pronto morirás Erick Lira, muy pronto – Pensaba
Como si presintiera algo, Erick estornudó, no una, sino tres veces seguidas, lo que llamo la atención de Bruce que se limitó a mirar de reojo a su amo y a bajar las orejas, como si él también estuviera presintiendo que algo malo se acercaba. Erick se limpió la nariz con gran estruendo, pues no es alguien que se cuide mucho de lo que la gente diga. En cuanto terminó, sacó un enorme puro y lo encendió sin importarle nada más. Con la velocidad de un relámpago, Marcos saco de la guantera el empolvado cenicero que al parecer llevaba mucho tiempo guardado y se lo tendió a Erick, quien con enfado se lo arrebató de las manos y lo puso entre sus piernas.
- Ya llegamos – Dijo Marcos con tranquilidad
- Bien – Respondió Erick – Vigilaremos aquí un rato y si de plano no ocurre nada, nos vamos a patrullar –Terminó con fastidio
- ¿Por qué no le gusta patrullar? ¡Es divertido! – Apuntó sonriente Marcos
- Como sea – Fue lo único que dijo Erick sin responder

Varias calles adelante, Nina bajó de su automóvil con apuro y se dirigió al cajero automático que estaba en la entrada de aquel gran banco, su apuro era grande, pues ayer había sido quincena y ella había olvidado por completo retirar dinero de su cuenta y necesitaba para algunos gastos. Quien viera a aquella mujer tan gallarda y madura, pensaría que se trataba de alguna profesionista que había tomado un tiempo en su apretada agenda para ir a sacar dinero, pues aunque ella era de condición humilde, siempre e gustaba vestirse lo mejor posible.
- ¿Cómo pude olvidar que ya tenía dinero en la tarjeta? – Se preguntaba a si misma
Mientras terminaba de interrogarse y de reprocharse, uso la tarjeta de nómina que le habían entregado en la estación para tener acceso al cajero automático, pero la banda magnética estaba tan gastada que simplemente le rechazo la entrada.
- ¡Ay, no otra vez! – Se quejó y lo volvió a intentar
El pequeño LED rojo que indicaba el rechazo de la tarjeta, volvió a encenderse, y la puerta automática le negó el acceso por segunda vez.
- ¡Maldición! – Vociferó Nina, tallando con fuerza la banda magnética contra su mano izquierda.
El tercer intento rindió fruto, pero eso no evitó que por la brusquedad con la que ella abrió la puerta, está se regresara de inmediato y le diera un golpe en la frente, tan duro que por un momento había dado la impresión de que el cristal se hubiera roto.
- ¡Me lleva la…!
Fue todo lo que a pesar de su frustración ella pudo gritar, ya que una mujer de edad mayor y una pequeña estaban detrás de ella y la observaban con molestia en el rostro. Ya no dijo nada, se limito a empujar con más suavidad la puerta, ingresar y empezar a operar la máquina. Después de retirar la cantidad necesaria y de tallarse un poco la frente, se dispuso a salir de aquel lugar pensando que esa no era una buena manera de iniciar el día.
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The Concerned Life 2.0 » Blog Archive » Chapter One: Aquellos recuerdos que regresan on April 16th, 2009
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