Pude…

Mirar al infinito

Pude crecer cuando ví tus ojos en el infinito,
Como esperando nunca volver de su travesía.
Pude entender cuando odie lo que de tí amaba,
Y tu fragancia ya no me era necesaria.
Pude vivir cuando mis manos ya no te necesitaron,
Y mi piel dejo de vibrar al contacto con la tuya.

Al fin descubrí que no te necesito;
Eres ese continente viejo, enfermo y destruido,
Donde mis angustias acabaron sus últimos días en quebranto
Y mis pupilas se deshacían en llanto.
Pero sobre todo, asimile que ya eras un recuerdo vago,
Un sombra pasajera que alcanzarme no podía;
Que puedo vivir, gritar, reír sin lamentaciones
Y puedo gastar mi alma entre canciones,
Sin sufrir el dolor de mil corazones
Rotos por la decepción, desilusión y agonía.

Recuerda siempre leer nuestro disclaimer.

One Thousand Words

One Thousand Words

1000 W0RDS es una animación muy sencilla, pero con un arte estupendo y un conmovedor mensaje. La historia es acerca de una niña que un día conoce a un viajero y le hace un sencilla petición, el viajero al no poder cumplir la petición de la chica le hace un curioso intercambio que cambia la vida de esa pequeña.

Motivando a la lectura

Me he dado a la tarea de leer un poco más de lo que habitualmente hago, pero sobretodo de incluir literatura universal y clásica a mi selecto grupo de libros que estoy leyendo. Dado que por el momento estoy harto de escuchar a medio mundo hablar de The Hitchhiker’s Guide to the Galaxy o de obras similares (Y en realidad hay mucho pseudo-intelectual suelto que ni han leído en realidad ninguno de esos libros, y si lo han leído ni entienden de lo que hablan), me propuse no seguir esa corriente de neo-metafísica-ateísmo-techno-freak-geek-agregue-lo-siguiente-que-este-de-moda-aquí que muchos han adoptado últimamente y que vuelvo a repetir, la mayoría sólo son loros de jaula carentes de opinión propia que repiten lo que alguien “famoso” dijo.

También he visto como se satura el mercado de muchos de esos pseudo-escritores (y no es que yo sea algo grande) que hablan hasta el cansancio de motivación profesional o personal, pero que en realidad terminan haciendo que la gente gaste mucho dinero en libros que simplemente le dicen o lo que es obvio o lo que ellos quieren escuchar (o leer). Así que una vez más, retomo las lecturas de mi niñez, para luego hacer una breve reseña con el ánimo de motivar a mis escasos lectores a no dejarse influenciar por toda esa pseudo-literatura new age (y derivados) y apreciar las grandezas de los clásicos de antaño, que a diferencia de muchas otras cosas, jamás pierden vigencia. Importante cuando leas algo, fórmate tu propia opinión, no seas loro de jaula que repite lo que los demás dicen.

El primer libro que voy a reseñar, es uno que ya termine, se trata de Miguel Strogoff, el correo del zar, pero eso es harina de otro post

Aclaración: No estoy diciendo que The Hitchhiker’s Guide to the Galaxy sea una mala lectura

Chapter One: Aquellos recuerdos que regresan

Un poco tarde, pero aquí viene la séptima entrega de Chapter One, la novela que estoy escribiendo.

Resumen:

Después de que Erick lo arrastrará a trabajar, Marcos trató de pensar de forma positiva pero esto sólo acabo con el buen humor que tenía Erick por la mañana. Mientras eso sucedía, Víctor regresa a su habitación de hotel y dascarga algo de su frustración sobre Mayra su mujer quien había estado meláncolica y renegaba de estar en ese lugar que tantos recuerdos le traía. Nina por su lado corona su mal día con un episodio no muy grato frente al cajero automático.

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Mirando al infinito

Después de varios meses de no actualizar, les traigo un pequeño escrito libre que vino a mi mente después de un rato de observar las estrellas.

Mirando al infinito

Mirando al infinito

Ahí estaba esa noche, parado en medio del silencio con la mirada al infinito, a decir verdad no recuerdo cuanto tiempo pasó. Cuando me concentro en algo suelo no darle importancia al tiempo; ese es uno de mis defectos más grandes, la causa de muchas discusiones en mi casa con mis padres, con mi novia, aún en la escuela. Cada persona que conozco suele recordarme lo descortés, insensible, inmaduro y poco amigable que ser así. De hecho yo lo se, siempre lo he sabido, pero, ¿qué puedo hacer?

Desde que era pequeño nunca he podido dejar de mirar al infinito, mis ojos son viajeros que divagan entre nubes, estrellas, planetas y constelaciones. Las jornadas son largas y mis ojos se cansan de tanto mirar hacia aquella frontera tan lejana para mí. ¿Qué puedo hacer? Por las noches cuando la gente de mi edad gasta la mayor parte de su tiempo frente al televisor, yo sigo en la azotea de mi casa con la mirada al cielo, expectante, impaciente, deseoso de estirar mi mano y alcanzar lo inalcanzable, ¿qué más podría hacer? ¿Qué más podría desear?

Los días pasan, las semanas y los meses. Llevo más de dos años esperando, como si en verdad hubiera algo o alguien que vendrá algún día por mí. No entiendo porque tengo esta sensación y tampoco es que me importe mucho entenderla. La gente suele buscar explicación a todo, pedir cuentas aún y cuando no se tenga ningún tipo de autoridad, pero yo no siento la necesidad de explicarle a nadie lo que siento. Y mis compañeros, crueles como todo ser humano a esa edad, me han etiquetado de “raro”, “ñoño”, “nerd” … pobres idiotas que necesitan ponerle una etiqueta a todo para intentar alcanzar un poco de aceptación frente a otros, reflejando de esa forma su inherente inseguridad.

Lo dije antes, me da igual lo que el resto de la humanidad piense, sienta o quiera creer de mi persona. Yo se que alguien vendrá por mi, muy pronto… ¡Si, lo he sentido!

Mi corazón late más fuerte cada día, como si llevará la cuenta de mi partida y se estuviera preparando; eso me hace tan feliz. Se que solo un puñado extrañará mi partida, quizá haya algunas cuantas lágrimas derramadas para mí, algunas genuinas, otras mentirosas como la mayor parte de la gente que me rodea, ¿qué puedo decir? … Nada, no hay nada que pueda decir, lo he decidido y lo haré. Quizá ría, quizá lloré, pero es mi decisión, aunque muchos no la entiendan.